lunes, 3 de noviembre de 2008

Absurda Coincidencia

Su corazón latía fuertemente, la felicidad en ella se confundía con el nerviosismo, así era cada día a las cuatro de la tarde, así era aquel día, todos los días.
Cuando la puerta se abrió supo que sería tiempo, que después de todo la espera nunca sería por gusto, con una sonrisa que pertenecía sólo a esa hora, a ese lugar y a esos momentos. Ingresó a la habitación ciento treinta y cuatro y como cada día era como si acabara de despertar, la realidad parecía entrar en ella de a poquitos, su sonrisa iba debilitándose, su mirada se nublaba, su felicidad parecía incierta, seguía caminando como quien desfila, su final estaba por llegar, esa horrible cama, esas horribles cortinas de plástico, esos aparatos que no conocía y no entendía, todo eso que hacían casi tres semanas formaba parte de su rutina. Su rostro, paralizado en una falsa sonrisa, posó su mirada en la razón de aquel viaje, pronto todo fue más natural, tomó sus manos, se dio cuenta que todo era real, como fue ayer, como será mañana.
-Hoy es miércoles, estás vestida como si hubieras ido a trabajar, tus manos están frías... ¿Estás bien? ¿Ha pasado algo?- El muchacho que la tenía cogida por las manos había posado sus oscuros ojos en los de ella, sus manos estaban tibias y la hacían sentir protegida.
-Verdad, me pasé, hoy fui a hacer un papeleo con mi vieja, ya sabes, esas cosas, tenía que estar vestida así para decir que soy seria, porque soy seria!- sonrió Patricia mientras recibía otra sonrisa por respuesta - Estás calientito, yo también quiero - se acercó a él y lo abrazó, él la envolvió en sus brazos, estuvieron así un buen rato.
-Hueles delicioso hoy- Él acercó su nariz al cuello de ella, Patricia podía sentir su respiración haciéndole cosquillas, sonrió, él la mordió.
Au! Johan, eso duele...- entrecerrando los ojos acercó su nariz a la de él, no había cambiado nada, seguía teniendo esos ojos grandes y negros como con vida propia, parecía un dibujo de tarjeta de dos lucas, sus ojos eran graciosos, la misma nariz larga y redonda al final, sus labios grandes, dientes blanquísimos, no era guapo, pero era él, su cabello, aunque no tan abundante como antes, seguía siendo un desastre, lacio por aquí, ondeado por allá, ahora también crecía dispar.- Johan, ¿Qué nuevo te han dicho los doctores? Derrepente ya puedes salir, porque me has apretado fuerte, estás bien, creo que lo tuyo es flojera- y rieron.
-Nada, yo también pienso eso - se soltaron, ella se acomodó a su lado, él cogió su cabeza, ella acarició su pecho- oye, alguien puede entrar.
-¿y? Acaso no somos...
Entró una enfermera y quedó asombrada al ver a Patricia echada en la camilla de media plaza junto a Johan.
-Bájese de ahí porfavor.- Dijo en tono severo.
Patricia se sonrojó, tenía esa facilidad de sonrojarse con lo más mínimo, Johan quedó callado, tomó a Patricia de una mano y le indicó que se siente, cuando estuvieron en la posición he-venido-a-visitarlo-nada-más siguió la conversación.
-Y como te decía, estoy bien ¿no? Hazme piojitos - Patricia se trepó de los cabellos de Johan - Oye, pero insisto, qué papeles has echo con tu mamá, no entiendo, cuéntame pues, yo qué te puedo contar si paro todo el día aquí.
Patricia siguió masajeando y miró a todos lados para tener un asunto de qué conversar, finalmente, Johan volteó y la miró de abajo hacia arriba, Patricia estaba blanquísima, más que de costumbre, había vuelto a helarse.
-Dime lo que pasa Patricia, estás mal... - Patricia comenzó a llorar.
Patricia odiaba ese lugar, pero consideraba que era sagrado ya que era el único lugar donde podía estar a solas con Johan, además se sentía más en confianza con él.
-Anoche Jake me pidió matrimonio - La mirada de ella estaba fija en la ventana que no daba a ningún lugar, un paisaje neutro, una pared de ladrillos sin pulir.
Johan sonrió, se rascó la cabeza, miró a Patricia, se dio cuenta que ella no estaba bien y como cada vez que ella estaba así la agarró de la mano y con una sonrisa enorme dijo:
-Oye ¡Felicidades! Estás feliz por eso no? Pero estás nerviosa...
Patricia lo miró, las lágrimas caían por su rostro como si quisieran escapar de sus ojos.
-Hace cuatro años te lo dije y me arrepiento tanto, me odio por todo esto, maldición - Patricia cubrió su rostro con ambas manos.
-No, oye no digas esas cosas, oye, pero Patricia date cuenta la edad que tienes, está en ti decidir lo que quieres... Para mi eres como una hermana y me alegro por todas las cosas buenas que te pasan, siempre has estado conmigo, desde hace uf de tiempo, incluso ahora, hasta quisiste donar sangre para mi leusemia, pucha eres la única que ha seguido a mi lado después de todo y siempre vienes...
-Johan yo aun te amo.
El silencio se hizo, todo el tiempo había pasado, pero al parecer no para todos.
-Yo... Pero tú me dijiste que... Y luego Jake y tú... Pensé que todo eso ya había pasado hace mucho, no esperarás que yo haga algo... Sabes que no se puede...
-Ajá. Oye, ya es hora, tengo 24, ya está todo mejor, después de todo eso... Pucha, hace casi cinco años, además no me caso mañana - Patricia sonrió como todos los días a las cuatro y cuarenta y cinco.
-Sister... - Johan pudo notar que estas palabras herían mucho a Patricia, cómo no se había dado cuenta - Patricia, piénsalo bien, es algo serio, casarse no es un juego, además tú estás medio loca - ambos rieron, ella lo golpeó en la cabeza y una enfermera entró a avisar que la visita había terminado.
-Oye fucking, talvez no pueda venir el viernes, mañana tengo cita con el neurólogo... - ella se miró las manos, él la intorrogó con la mirada pero no obtuvo respuesta - pero te veo el lunes! Tendré más cosas que contarte, facil pronto sales, te quiero mucho brother, cuidate, chaito.
-Chao- recibió un beso en la frente y la vio partir con la típica sonrisa, cuando se cerró la puerta tras ella él se recostó en la cama y miró al techo - Todo está bien, nunca te lo diré, nunca.
Al día siguiente la hermosa pareja hacía público su noviazgo, al mismo tiempo Johan salía de la clínica, después de mucho las cosas eran como tenían que ser.

Aunque no necesariamente.

1 comentario:

Juan Carlos Zúñiga dijo...

Buena historia mi estimada Mello, quizás la mejor de las que he leído. Tiene un aire de misterio y hasta parece con influencias shojo (jejeje). Espero que haya una continuación. Sigue publicando.