Cuando yo tenía dieciséis años no sabía qué era sentir profundamente, sabía que me había sentido profundamente triste, pero no sabía que era sentir con profundidad, desde lo más recóndito de mi, por más que sabía que amaba a mi mamá y a mi abuela, a mi hermano también, no sabía lo que era sentir amor incondicional por alguien ajeno a mi circulo familiar, por alguien a quien no conocía, alguien a quien “no tenía que amar” por genética o lazos de parentesco. A los dieciséis era feliz.
En el colegio había sido increíble, lo que a los demás les causaba problemas para mi era pan comido, no hacía mucho esfuerzo para sobresalir, además que los profesores me amaban, bueno, en cuarto como que me abandoné un poco… y ya en quinto era un vago, sin embargo ya había llevado muchos diplomas a mi casa y pues si mi mamá hacía berrinche por un doce o un once esos ya eran caprichos ¿no?
A los dieciséis yo creí enamorarme, no, antes, ella no era hermosa, ni siquiera muy inteligente, pero me gustaba y yo le gustaba también, no sé porqué dejé que el miedo me venciera, aunque a decir verdad yo siempre he sido un poco inseguro, esta estúpida inseguridad se incrementa conforme voy madurando, qué ridículo, pero bueno, así es.
A los dieciséis había terminado el colegio y quería esa delicada flor para mi, esa pues, la delicada flor de… cualquier mujer.
Tenía un grupo de amigos en la calle, siempre nos íbamos a jugar cualquier cosa, en el ciber de la cuadra, tomábamos y siempre terminaba mamadaso, el gordo sin embargo siempre me ayudaba, a pesar que me jodía, porque siempre ha sido un jodidaso, me ayudaba, me cargaba, me ayudaba pues. Él y los demás cada de hablaban de flacas como que exageraban las cosas, yo me reía, no había estado con nadie que ellos conocieran, además siempre debían ser algo así como Pamela Anderson, nada que ver si le llevabas a la hija de la doméstica con pantalón de mil dólares, tenía que ser el clon de Pamela Anderson aunque sea con pollera. Emilio siempre hablaba de las flacas más ricas, mejor vestidas y con cara de bebe, que sólo con su level podríamos levantarnos algo semejante, además el webon este siempre ha tenido su jale, y eso que se echa cremas y todas esas mariconadas, no interesa, él es así. Un día él y el gordo comenzaron a hablar de una flaca que según Emilio era chibola, flaquita y parecía un anime, qué cagado ese webon, quien se parece a un anime, pensaba yo. Otro día ella me agregó al MSN, esa herramienta maravillosa a la cual todos somos adictos, yo no sé qué michi pasaba con el gordo, con Emilio ni con nadie, esta chica estaba loca, hablamos de todo, absolutamente de todo y entre chiste y chiste – o por lo menos para mi – quedamos en conocernos y ser enamorados, ajá, la típica salida de los patas que se conocen por el mésenyer, esa herramienta maravillosa a la que todos somos adictísimos, súper fieles, desde hace mucho.
No espero que crean esta historia, es más, me tildarán de idiota, de falto de cariño, loco, etc, como sea aquí va: La vi, no sé como supe que era ella, jamás la había visto, ni por web cam ni nada, ella a mi una sola ves… de noche y con la cam mal puesta. Ella me vio, no sé si estaba segurísima, no sé si siempre era así, no sé ni siquiera si todo esto en realidad pasó, caminamos en un tiempo irreal y antes de pronunciar palabra alguna nos besamos, fue un beso inseguro, gracioso, ni largo ni corto, hermoso.
-Hola ¿Michael?
Y así fuimos a mi departamento a conocernos, seis meses, talvez más.
Oigan si era feliz, ella estaba loca, íbamos a todas partes, reconocí lugares por donde ya había caminado, cada momento a su lado era una nueva experiencia juntos y con el mundo, cada que ella sonreía, cada que ella lloraba nacía una nueva razón para vivir, sus ocurrencias eran propias de su juventud, de sus ganas de hacerlo todo, ella pensaba como todo el mundo pero llevaba sus pensamientos más allá, me hacía ver cosas evidentes que nadie más podía ver, me hacía darme cuenta, y filosofábamos juntos, amábamos el mar, la poesía, la música, reír, llorar, abrazarnos eternamente muy callados, conocí a sus amigos, me sentí como un loco más, ella volaba y yo volaba con ella. Sus llantos sin sentido se prolongaban, sus silencios sin razón eran cada ves mayores, antes me gustaba que me explique las cosas, ahora no decía nada, lloraba, a veces sentía entenderla, otras la impotencia se apoderaba de mi, mi amor se entristecía por nada, que ya no me amaba, que estaba enamorada de Emilio, que siempre lo había estado, que no la deje, que estaba loca, que yo lo era todo, que la dejara en paz, que no me soportaba, que me haría daño, que ni ella se entendía, que era lo mejor para todos, que vaya a verla a su casa porque me extrañaba, que no me vaya a otro país, que no la descuide, que no la entendía para nada, ni siquiera a mi, sólo sabía que la amaba, que de seguro eso tenía que ser amor, que aunque ya hayan pasado cinco meses y medio esto debe ser amor, aunque ella esté con Emilio, si me llama debe ser por algo.
Ella estaba con un jean azul, una polera ploma y una gorra negra, la gorra de su mejor amiga, seguía igual que siempre, sólo que un poco más alta, ahora ella tenía dieciséis y estaba con mi amigo Emilio, ese tarado, mi pata.
Conversamos largo y tendido, nos reímos mucho, volví a ver a su papá y nuevamente no me reconoció, ese señor tiene memoria de dos minutos, cuando iba a irme me dijo que tenía que darme un recado para Emilio ya que no lo veía como un mes, esa porquería, había vuelto de su viaje como dos semanas antes y no salía de su casa porque se había agarrado a la esposa de uno de nuestros mejores amigos, claro que yo jamás le diría eso a ella, me quedaría callado y como un completo idiota le daría el maldito recado a Emilio, ese tarado, mi pata.
-Gracias Michael, eres lo máximo. Le dices que lo lea, que es urgente, cuídate, gracias por todo.- Nos abrazamos y nos dimos un beso en la mejilla, luego metí ese papel a mi bolsillo derecho y caminé rumbo a la carretera, iba riéndome de una cosa graciosa que había dicho, sin embargo me sentía un pobre y triste perro más en este mundo, caminaba casi sin darme cuenta cuando sentí que ella venía corriendo por atrás, no la había visto en casi cinco meses y me había portado como siempre, ella venía corriendo y me abrazó por atrás, volteé y nos besamos, creo que yo ya lo sabía, nos besamos, me besó y yo le contesté, la cagué.
No sé nada de nada, es como si el tiempo se hubiera detenido o hubiera comenzado desde ese día en aquella esquina donde la conocí, a raíz de eso nada más.
Ese fue mi primer amor, nació en el 2004 en un lugar lejano y me hizo ser el hombre más feliz del mundo, aprendí algo que agradezco con todo mi ser, aprendí a sentir profundamente, cada cosa que hice la hice con intensidad, cada momento fue mejor que el anterior, cada golpe más fuerte y cada experiencia más innovadora, creí que nunca lo podría superar, tres años después me volví a enamorar, esta ves el único error fue que se trataba de la misma persona.
Cuando tenía dieciséis era feliz, cuando pasé a los dieciocho supe que lo había sido y no estaba muy seguro, hoy sé que aun me queda mucho por vivir, sin embargo estoy orgulloso de cada cosa que he pasado, sé que cada cosa nueva no necesariamente será mejor, sin embargo ya sé lo que es sentir profundamente, estoy preparado.
miércoles, 19 de noviembre de 2008
lunes, 3 de noviembre de 2008
Absurda Coincidencia
Su corazón latía fuertemente, la felicidad en ella se confundía con el nerviosismo, así era cada día a las cuatro de la tarde, así era aquel día, todos los días.
Cuando la puerta se abrió supo que sería tiempo, que después de todo la espera nunca sería por gusto, con una sonrisa que pertenecía sólo a esa hora, a ese lugar y a esos momentos. Ingresó a la habitación ciento treinta y cuatro y como cada día era como si acabara de despertar, la realidad parecía entrar en ella de a poquitos, su sonrisa iba debilitándose, su mirada se nublaba, su felicidad parecía incierta, seguía caminando como quien desfila, su final estaba por llegar, esa horrible cama, esas horribles cortinas de plástico, esos aparatos que no conocía y no entendía, todo eso que hacían casi tres semanas formaba parte de su rutina. Su rostro, paralizado en una falsa sonrisa, posó su mirada en la razón de aquel viaje, pronto todo fue más natural, tomó sus manos, se dio cuenta que todo era real, como fue ayer, como será mañana.
-Hoy es miércoles, estás vestida como si hubieras ido a trabajar, tus manos están frías... ¿Estás bien? ¿Ha pasado algo?- El muchacho que la tenía cogida por las manos había posado sus oscuros ojos en los de ella, sus manos estaban tibias y la hacían sentir protegida.
-Verdad, me pasé, hoy fui a hacer un papeleo con mi vieja, ya sabes, esas cosas, tenía que estar vestida así para decir que soy seria, porque soy seria!- sonrió Patricia mientras recibía otra sonrisa por respuesta - Estás calientito, yo también quiero - se acercó a él y lo abrazó, él la envolvió en sus brazos, estuvieron así un buen rato.
-Hueles delicioso hoy- Él acercó su nariz al cuello de ella, Patricia podía sentir su respiración haciéndole cosquillas, sonrió, él la mordió.
-¡Au! Johan, eso duele...- entrecerrando los ojos acercó su nariz a la de él, no había cambiado nada, seguía teniendo esos ojos grandes y negros como con vida propia, parecía un dibujo de tarjeta de dos lucas, sus ojos eran graciosos, la misma nariz larga y redonda al final, sus labios grandes, dientes blanquísimos, no era guapo, pero era él, su cabello, aunque no tan abundante como antes, seguía siendo un desastre, lacio por aquí, ondeado por allá, ahora también crecía dispar.- Johan, ¿Qué nuevo te han dicho los doctores? Derrepente ya puedes salir, porque me has apretado fuerte, estás bien, creo que lo tuyo es flojera- y rieron.
-Nada, yo también pienso eso - se soltaron, ella se acomodó a su lado, él cogió su cabeza, ella acarició su pecho- oye, alguien puede entrar.
-¿y? Acaso no somos...
Entró una enfermera y quedó asombrada al ver a Patricia echada en la camilla de media plaza junto a Johan.
-Bájese de ahí porfavor.- Dijo en tono severo.
Patricia se sonrojó, tenía esa facilidad de sonrojarse con lo más mínimo, Johan quedó callado, tomó a Patricia de una mano y le indicó que se siente, cuando estuvieron en la posición he-venido-a-visitarlo-nada-más siguió la conversación.
-Y como te decía, estoy bien ¿no? Hazme piojitos - Patricia se trepó de los cabellos de Johan - Oye, pero insisto, qué papeles has echo con tu mamá, no entiendo, cuéntame pues, yo qué te puedo contar si paro todo el día aquí.
Patricia siguió masajeando y miró a todos lados para tener un asunto de qué conversar, finalmente, Johan volteó y la miró de abajo hacia arriba, Patricia estaba blanquísima, más que de costumbre, había vuelto a helarse.
-Dime lo que pasa Patricia, estás mal... - Patricia comenzó a llorar.
Patricia odiaba ese lugar, pero consideraba que era sagrado ya que era el único lugar donde podía estar a solas con Johan, además se sentía más en confianza con él.
-Anoche Jake me pidió matrimonio - La mirada de ella estaba fija en la ventana que no daba a ningún lugar, un paisaje neutro, una pared de ladrillos sin pulir.
Johan sonrió, se rascó la cabeza, miró a Patricia, se dio cuenta que ella no estaba bien y como cada vez que ella estaba así la agarró de la mano y con una sonrisa enorme dijo:
-Oye ¡Felicidades! Estás feliz por eso no? Pero estás nerviosa...
Patricia lo miró, las lágrimas caían por su rostro como si quisieran escapar de sus ojos.
-Hace cuatro años te lo dije y me arrepiento tanto, me odio por todo esto, maldición - Patricia cubrió su rostro con ambas manos.
-No, oye no digas esas cosas, oye, pero Patricia date cuenta la edad que tienes, está en ti decidir lo que quieres... Para mi eres como una hermana y me alegro por todas las cosas buenas que te pasan, siempre has estado conmigo, desde hace uf de tiempo, incluso ahora, hasta quisiste donar sangre para mi leusemia, pucha eres la única que ha seguido a mi lado después de todo y siempre vienes...
-Johan yo aun te amo.
El silencio se hizo, todo el tiempo había pasado, pero al parecer no para todos.
-Yo... Pero tú me dijiste que... Y luego Jake y tú... Pensé que todo eso ya había pasado hace mucho, no esperarás que yo haga algo... Sabes que no se puede...
-Ajá. Oye, ya es hora, tengo 24, ya está todo mejor, después de todo eso... Pucha, hace casi cinco años, además no me caso mañana - Patricia sonrió como todos los días a las cuatro y cuarenta y cinco.
-Sister... - Johan pudo notar que estas palabras herían mucho a Patricia, cómo no se había dado cuenta - Patricia, piénsalo bien, es algo serio, casarse no es un juego, además tú estás medio loca - ambos rieron, ella lo golpeó en la cabeza y una enfermera entró a avisar que la visita había terminado.
-Oye fucking, talvez no pueda venir el viernes, mañana tengo cita con el neurólogo... - ella se miró las manos, él la intorrogó con la mirada pero no obtuvo respuesta - pero te veo el lunes! Tendré más cosas que contarte, facil pronto sales, te quiero mucho brother, cuidate, chaito.
-Chao- recibió un beso en la frente y la vio partir con la típica sonrisa, cuando se cerró la puerta tras ella él se recostó en la cama y miró al techo - Todo está bien, nunca te lo diré, nunca.
Al día siguiente la hermosa pareja hacía público su noviazgo, al mismo tiempo Johan salía de la clínica, después de mucho las cosas eran como tenían que ser.
Aunque no necesariamente.
Cuando la puerta se abrió supo que sería tiempo, que después de todo la espera nunca sería por gusto, con una sonrisa que pertenecía sólo a esa hora, a ese lugar y a esos momentos. Ingresó a la habitación ciento treinta y cuatro y como cada día era como si acabara de despertar, la realidad parecía entrar en ella de a poquitos, su sonrisa iba debilitándose, su mirada se nublaba, su felicidad parecía incierta, seguía caminando como quien desfila, su final estaba por llegar, esa horrible cama, esas horribles cortinas de plástico, esos aparatos que no conocía y no entendía, todo eso que hacían casi tres semanas formaba parte de su rutina. Su rostro, paralizado en una falsa sonrisa, posó su mirada en la razón de aquel viaje, pronto todo fue más natural, tomó sus manos, se dio cuenta que todo era real, como fue ayer, como será mañana.
-Hoy es miércoles, estás vestida como si hubieras ido a trabajar, tus manos están frías... ¿Estás bien? ¿Ha pasado algo?- El muchacho que la tenía cogida por las manos había posado sus oscuros ojos en los de ella, sus manos estaban tibias y la hacían sentir protegida.
-Verdad, me pasé, hoy fui a hacer un papeleo con mi vieja, ya sabes, esas cosas, tenía que estar vestida así para decir que soy seria, porque soy seria!- sonrió Patricia mientras recibía otra sonrisa por respuesta - Estás calientito, yo también quiero - se acercó a él y lo abrazó, él la envolvió en sus brazos, estuvieron así un buen rato.
-Hueles delicioso hoy- Él acercó su nariz al cuello de ella, Patricia podía sentir su respiración haciéndole cosquillas, sonrió, él la mordió.
-¡Au! Johan, eso duele...- entrecerrando los ojos acercó su nariz a la de él, no había cambiado nada, seguía teniendo esos ojos grandes y negros como con vida propia, parecía un dibujo de tarjeta de dos lucas, sus ojos eran graciosos, la misma nariz larga y redonda al final, sus labios grandes, dientes blanquísimos, no era guapo, pero era él, su cabello, aunque no tan abundante como antes, seguía siendo un desastre, lacio por aquí, ondeado por allá, ahora también crecía dispar.- Johan, ¿Qué nuevo te han dicho los doctores? Derrepente ya puedes salir, porque me has apretado fuerte, estás bien, creo que lo tuyo es flojera- y rieron.
-Nada, yo también pienso eso - se soltaron, ella se acomodó a su lado, él cogió su cabeza, ella acarició su pecho- oye, alguien puede entrar.
-¿y? Acaso no somos...
Entró una enfermera y quedó asombrada al ver a Patricia echada en la camilla de media plaza junto a Johan.
-Bájese de ahí porfavor.- Dijo en tono severo.
Patricia se sonrojó, tenía esa facilidad de sonrojarse con lo más mínimo, Johan quedó callado, tomó a Patricia de una mano y le indicó que se siente, cuando estuvieron en la posición he-venido-a-visitarlo-nada-más siguió la conversación.
-Y como te decía, estoy bien ¿no? Hazme piojitos - Patricia se trepó de los cabellos de Johan - Oye, pero insisto, qué papeles has echo con tu mamá, no entiendo, cuéntame pues, yo qué te puedo contar si paro todo el día aquí.
Patricia siguió masajeando y miró a todos lados para tener un asunto de qué conversar, finalmente, Johan volteó y la miró de abajo hacia arriba, Patricia estaba blanquísima, más que de costumbre, había vuelto a helarse.
-Dime lo que pasa Patricia, estás mal... - Patricia comenzó a llorar.
Patricia odiaba ese lugar, pero consideraba que era sagrado ya que era el único lugar donde podía estar a solas con Johan, además se sentía más en confianza con él.
-Anoche Jake me pidió matrimonio - La mirada de ella estaba fija en la ventana que no daba a ningún lugar, un paisaje neutro, una pared de ladrillos sin pulir.
Johan sonrió, se rascó la cabeza, miró a Patricia, se dio cuenta que ella no estaba bien y como cada vez que ella estaba así la agarró de la mano y con una sonrisa enorme dijo:
-Oye ¡Felicidades! Estás feliz por eso no? Pero estás nerviosa...
Patricia lo miró, las lágrimas caían por su rostro como si quisieran escapar de sus ojos.
-Hace cuatro años te lo dije y me arrepiento tanto, me odio por todo esto, maldición - Patricia cubrió su rostro con ambas manos.
-No, oye no digas esas cosas, oye, pero Patricia date cuenta la edad que tienes, está en ti decidir lo que quieres... Para mi eres como una hermana y me alegro por todas las cosas buenas que te pasan, siempre has estado conmigo, desde hace uf de tiempo, incluso ahora, hasta quisiste donar sangre para mi leusemia, pucha eres la única que ha seguido a mi lado después de todo y siempre vienes...
-Johan yo aun te amo.
El silencio se hizo, todo el tiempo había pasado, pero al parecer no para todos.
-Yo... Pero tú me dijiste que... Y luego Jake y tú... Pensé que todo eso ya había pasado hace mucho, no esperarás que yo haga algo... Sabes que no se puede...
-Ajá. Oye, ya es hora, tengo 24, ya está todo mejor, después de todo eso... Pucha, hace casi cinco años, además no me caso mañana - Patricia sonrió como todos los días a las cuatro y cuarenta y cinco.
-Sister... - Johan pudo notar que estas palabras herían mucho a Patricia, cómo no se había dado cuenta - Patricia, piénsalo bien, es algo serio, casarse no es un juego, además tú estás medio loca - ambos rieron, ella lo golpeó en la cabeza y una enfermera entró a avisar que la visita había terminado.
-Oye fucking, talvez no pueda venir el viernes, mañana tengo cita con el neurólogo... - ella se miró las manos, él la intorrogó con la mirada pero no obtuvo respuesta - pero te veo el lunes! Tendré más cosas que contarte, facil pronto sales, te quiero mucho brother, cuidate, chaito.
-Chao- recibió un beso en la frente y la vio partir con la típica sonrisa, cuando se cerró la puerta tras ella él se recostó en la cama y miró al techo - Todo está bien, nunca te lo diré, nunca.
Al día siguiente la hermosa pareja hacía público su noviazgo, al mismo tiempo Johan salía de la clínica, después de mucho las cosas eran como tenían que ser.
Aunque no necesariamente.
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